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La
kaaba no es una obra de arte en sentido estricto (de hecho no
es sino un simple cubo de mampostería), sino que pertenece más
bien a lo que se podría denominar protoarte, cuya dimensión espiritual
corresponde a la revelación.
De ello se infiere
que el simbolismo inherente a la kaaba, por su forma y por los
ritos vinculados a ella, contiene el embrión de todo cuanto expresa
el arte sacro musulmán.
La función de la
kaaba como centro litúrgico del mundo musulmán tiene una estrecha
relación con el origen del monoteismo. Según el Corán, la kaaba
fue edificada por Abraham y su hijo Ismael, siendo el primero
quien instituyó la peregrinación anual al santuario.
Para la mayoría
de los musulmanes, la oración de cara a la kaaba (o a la Meca,
por extensión) entraña, a priori, una elección: mediante este
ritual, el musulman se distingue tanto de los judios, que oran
hacia Jerusalén, como de los cristianos que se orientan hacia
el sol naciente.
Los musulmanes optan en cambio
por sellar un vínculo profundo con la religión del centro, el
árbol del que proceden el resto de las religiones.
Sus partes son:
- la Piedra Negra: Ubicada
en la esquina sureste. En 684 la piedra estalló a causa del
calor provocado por un grave incendio. En 930 la tomó como botín
el movimiento de los Cármatas. Fue devuelta en 950.
- El canalón de oro: el
šadarwan, hatim, Al-Multazam.
- La Etapa o Estación de Abraham:
(Maqam Ibrahim), donde dice la tradición que Abraham plantó
las huellas de sus pies.
- Esquina de Siria
- Esquina de Iraq
- La Kiswa: o
tela que recubre la Kaaba.
- La Estación de Gabriel.
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