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Edgar Cayce manifestó
uno de los talentos psíquicos más extraordinarios de toda era.
Se volvió famoso principalmente gracias a dos biografías, "There
is a River", de Thomas Sugrue, y "The Sleeping Prophet" ("El Profeta
Durmiente"), de Jess Stearn. Se han escrito más de 300 libros
sobre su vida y obra.
Edgar
Cayce nació en los Estados Unidos el 18 de marzo de 1877, en una
granja del Estado de Kentucky cercana a Hopkinsville. Desde su
niñez, mostró facultades psíquicas fuera de lo común. A la edad
de trece años, un suceso lo impactó profundamente:
la aparición
de un ángel quien le preguntó cuál era su mayor anhelo. Edgar
respondió que desearía asistir a los demás, en particular a los
niños enfermos.
Al poco tiempo,
se percató de que le era posible memorizar el contenido de sus
manuales escolares durmiendo un rato con la cabeza apoyada en
los mismos. Esta aptitud le favoreció en sus estudios, pero fue
desapareciendo. A fin de ayudar a sus padres a criar a sus cuatro
hermanas, todas menores que él, dejó el colegio a los dieciséis
años y comenzó a trabajar.
En 1900, Edgar Cayce,
con veintitrés años de edad, era viajante comercial cuando perdió
la voz después de haber tomado un sedante. Desconcertados por
su caso, los médicos no lograron sanarlo. Incapaz de expresarse
más allá de un murmullo, tuvo que cambiar de ocupación. Consiguió
en Hopkinsville un puesto de aprendiz de fotógrafo. Algunos meses
más tarde, un hipnotizador ambulante lo hizo hablar normalmente
bajo hipnosis. Sin embargo, en cuanto lo despertó, su afonía reapareció.
La experiencia se repitió luego con ciertas modificaciones. Edgar
entró en un estado similar al que le había permitido memorizar
sus libros escolares en su adolescencia. Cuando estuvo dormido,
se le pidió que indicara la causa de su mal y la forma de curarlo.
Edgar obedeció y dio instrucciones precisas, gracias a las cuales
recobró la voz. Ésa fue su primera "lectura" psíquica, realizada
el 31 de marzo de 1901.
Se descubrió muy pronto
que una vez sumido en su sueño autohipnótico, Cayce necesitaba
únicamente el nombre de una persona y el lugar en que ésta se
hallaba, dondequiera que fuese, para describir sin ningún error
su estado de salud, recomendar un tratamiento y contestar las
preguntas que la concernían.
Un grupo de médicos
de Kentucky empezó a utilizar el talento de Cayce para diagnosticar
algunos de sus casos más delicados. Se dieron cuenta rápidamente
que sólo con el nombre y la dirección de cualquier individuo en
el mundo, Edgar podía describir en detalle el estado físico de
la persona y prescribir un tratamiento.
En 1910, uno de los
médicos más jóvenes del grupo, el Doctor Wesley Ketchum, sometió
un informe a la Clinical Research Society (Sociedad de Investigación
Clínica) de Boston, y que el diario New York Times logró conseguir,
y publicó un artículo de una página titulado: "Un hombre
inculto se convierte en médico bajo hipnosis" sobre el campesino
que se volvía médico en transe. Con este artículo y otros subsecuentes,
gente de todo el país empezó a buscar la asistencia de Edgar Cayce.
Debido a la multitud
de gente de todo el país que recurría a él, Edgar Cayce, entonces
fotógrafo profesional, empezó a efectuar cotidianamente lecturas
sobre problemas médicos en sus horas libres. Aspiró a montar un
hospital en el que un personal competente aplicaría las prescripciones
mencionadas en las lecturas.
Con el paso de los
años, Cayce descubrió que podía disertar sobre cualquier tema.
A partir de 1923, realizó lecturas no sólo acerca del cuerpo físico,
sino también de la mente y del alma. La información transmitida
se diversificó mucho. Entre otras cosas, abordó los grandes principios
mentales y espirituales, nociones inéditas sobre la psicología
y la parapsicología, el concepto de la reencarnación, la vida
después de la muerte, la interpretación de los sueños, la percepción
extrasensorial, la historia de la Creación, las civilizaciones
antiguas, las religiones del mundo, los aspectos desconocidos
de la vida de Jesús, las profecías.
Siendo cada vez más
solicitado, Cayce abandonó su estudio fotográfico a fin de dedicarse
a las lecturas y de buscar inversores para la construcción del
hospital. En 1925, Edgar y su familia se instalaron en Virginia
Beach, Virginia, donde un agente de bolsa neoyorquino había aceptado
financiar el proyecto. El hospital, inaugurado en noviembre de
1928, funcionó hasta febrero de 1931. Tuvo que cerrar por falta
de fondos, a consecuencia de la gran crisis económica de los años
1930.
En junio de 1931,
se creó A.R.E. (Association for Research and Enlightenment, Inc.).
La Asociación se concentró esencialmente en la medicina holística,
la reencarnación, los sueños, los fenómenos psíquicos y el crecimiento
espiritual.
Durante la segunda
guerra mundial, Edgar Cayce recibía una voluminosa correspondencia.
En su intento por satisfacer la demanda creciente, aumentó el
número de lecturas diarias a seis. En agosto de 1944, su agotamiento
fue total. Falleció el 3 de enero de 1945.
Cayce dejó unas catorce
mil lecturas. Éstas representan el más considerable conjunto de
documentos psíquicos de la misma procedencia. Responden a casi
todas las preguntas imaginables en la primera mitad del siglo
veinte. Actualmente, innumerables personas en el mundo siguen
beneficiándose de ese maravilloso legado.
Hoy en día, el A.R.E.
(Association for Research and Enlightenment, Inc.)[1],
asociación que creó Edgar Cayce en 1931 en Virginia Beach, Virginia,
pone a la disposición del público, en su biblioteca, 14.306 lecturas
realizadas por Cayce, a las cuales se agregaron los testimonios,
los comentarios y los seguimientos correspondientes. Esas lecturas
representan el más considerable conjunto de documentos psíquicos
de la misma procedencia. El A.R.E., que sólo tenía algunos cientos
de miembros cuando Cayce falleció en 1945, es actualmente una
organización de envergadura mundial. Permite a numerosas personas
transformar su existencia gracias a la obra de este hombre muy
sencillo que manifestó excepcionales facultades psíquicas.
[1]
Traducción posible: Asociación para la Investigación y el Desarrollo
Espiritual
La
«Fundación Edgar Cayce», de Virginia Beach, que cuenta con médicos
y con psicólogos, prosigue el análisis de los legajos. Desde 1958,
los estudios sobre la clarividencia gozan en América de créditos
importantes. Es que se piensa en los servicios que podrían prestar,
en el terreno militar, los hombres aptos para la telepatía y la
precognición. Entre todos los casos de clarividencia, el de Cayce
es el más puro, el más evidente y el más extraordinario.
Pequeñas
Anecdotas
El
pequeño Edgar Cayce estaba muy enfermo. El médico rural estaba
a la cabecera de su lecho. No había manera de sacar al muchacho
de su estado de coma. De pronto, bruscamente, sonó la voz de Edgar,
clara y tranquila. Y, sin embargo, dormía. «Le diré lo que tengo.
He recibido un golpe en la columna vertebral con una pelota de
béisbol. Hay que hacer una cataplasma especial y aplicármela en
la base del cuello». Con la misma voz, el chiquillo dictó la lista
de plantas que había que mezclar y preparar. «De prisa, pues el
cerebro está en peligro de ser alcanzado»Por si acaso, le obedecieron.
Por la noche, había cedido la fiebre. Al día siguiente, Edgar
se levantó, fresco como una lechuga. No se acordaba de nada. Ignoraba
la mayoría de las plantas que había mencionado. Así comenzaba
una de las historias más asombrosas de la medicina.
Cayce,
campesino de Kentucky, completamente ignorante, poco inclinado
a usar su don, y que se lamentaba sin cesar de no ser «como todo
el mundo», cuidará y curará, en estado de sueño hipnótico, a más
de quince mil enfermos, debidamente homologados.
Obrero
agrícola en la granja de uno de sus tíos, después dependiente
de una librería de Hopkinsville y por último dueño de una tiendecita
de fotografía donde se propone pasar tranquilamente sus días,
hace de taumaturgo contra su voluntad. Su amigo de la infancia,
Al Layne, y su novia, Gertrudis, unirán sus fuerzas para obligarle.
Y no por ambición, sino porque no tiene derecho a guardarse su
poder, a negarse a ayudar a los afligidos. Al Layne es un tipo
enfermizo, siempre está malo, se arrastra. Cayce consiente en
dormirse: describe los males y dicta los remedios. Cuando se despierta
exclama: «Esto no es posible; no conozco la mitad de las palabras
que has anotado. ¡No tomes esas drogas, es peligroso! No comprendo
nada. ¡Todo esto es cosa de magia!» Se niega a volver a ver a
Al y se encierra en su gabinete de fotografía. Ocho días más tarde,
Al llama a su puerta: jamás se ha encontrado tan bien.La pequeña
ciudad se conmueve; todos quieren consultarle. «No voy a ponerme
a curar a la gente porque hablo en sueños». Acaba por aceptar,
con la condición de no ver a los pacientes, por miedo de que,
al conocerlos, su juicio se vea influido; con la condición de
que algún médico asista a las sesiones; con la condición de no
cobrar un céntimo y no recibir siquiera el menor regalo.
Los
diagnósticos y las prescripciones formulados en estado hipnótico
son de una precisión y sutileza tales, que los médicos están convencidos
de que se trata de un colega disfrazado de curandero. Limita sus
sesiones a dos por día. No es que tema la fatiga, pues sale de
sus sueños muy descansado. Es que quiere seguir siendo fotógrafo.
No trata en absoluto de adquirir conocimientos médicos. No lee
nada, continúa siendo el hijo de unos campesinos, provisto de
un vago certificado de estudios. Y se rebela contra su extraña
facultad. Pero, en cuanto decide dejar de emplearla, se queda
afónico.
Un
magnate de los ferrocarriles americanos, James Andrews, acude
a consultarle. Le prescribe en estado de hipnosis, una serie de
drogas y, entre ellas, cierta agua de orvale. No hay manera de
encontrar este remedio. Andrews hace publicar anuncios en las
revistas médicas, sin resultado. En el curso de otra sesión, Cayce
dicta la composición de aquel agua, extremadamente complicada.
Después, Andrews recibe una respuesta de un joven médico parisiense:
el padre de este francés, que también era médico, había elaborado
el agua de orvale, pero había dejado de explotarla hacía cincuenta
años. La composición era idéntica a la «soñada» por el modesto
fotógrafo.El secretario local del «Sindicato de Médicos» se apasiona
por el caso Cayce. Convoca un comité de tres miembros, que asiste
a todas las sesiones estupefacto. El «Sindicato General Americano»
reconoce las facultades de Cayce y le autoriza oficialmente a
realizar «consultas psíquicas».
Cayce
se ha casado. Tiene un hijo de ocho años, Hugh Lynn. El niño,
jugando con unas cerillas, provoca la explosión de un depósito
de magnesio. Los médicos pronostican la ceguera total en plazo
breve y recomiendan la ablación de un ojo. Aterrorizado, Cayce
se sume en uno de sus sueños. En estado hipnótico, se pronuncia
contra la ablación y prescribe quince días de aplicación de compresas
de ácido tánico. Según los especialistas es una locura. Y Cayce,
presa de los mayores tormentos, apenas se atreve a desoír sus
consejos. Al cabo de quince días, Hugh Lynn está curado.
Un
día, después de una consulta, sigue dormido y dicta, una tras
otra, cuatro recetas muy precisas. No se sabe a quién pueden referirse,
y es que han sido formuladas por anticipado para los cuatro próximos
enfermos. En el curso de una sesión, prescribe un medicamento
al que llama «Codirón» y da la dirección de un laboratorio de
Chicago. Llaman por teléfono. «¿Cómo pueden haber oído hablar
del "Codirón"? Todavía no ha sido puesto a la venta.
Precisamente acabamos de realizar la fórmula y de ponerle el nombre».Cayce,
aquejado de una enfermedad incurable que sólo él conocía, muere
el día y a la hora que había anunciado: «El cinco por la noche,
estaré definitivamente curado». Curado del mal de ser «algo distinto».
Interrogado
durante su sueño sobre su manera de proceder, había declarado
(sin acordarse de nada al despertar, como de costumbre) que se
hallaba en condiciones de ponerse en contacto con cualquier cerebro
humano viviente y de utilizar las informaciones contenidas en
aquel o en aquellos cerebros para dar el diagnóstico y el tratamiento
de los casos que se le presentaban. Era tal vez una inteligencia
diferente la que entonces se animaba en Cayce, y que utilizaba
todos los conocimientos de la Humanidad, como se utiliza una biblioteca.
pero casi instantáneamente, o al menos a la velocidad de la luz
o de la electromagnética. Pero nada nos permite explicar el caso
de Edgar Cayce, de esta manera o de otra. Lo único que se sabe
cierto es que un fotógrafo de pueblo, sin curiosidad ni cultura,
podía ponerse, a voluntad, en un estado en que su espíritu funcionaba
como el de un médico genial, o mejor, como todos los espíritus
de todos los médicos juntos.
PROFECIAS
Para
Cayce, el regreso de Cristo viene asociado a un proceso de cambio
mundial. Este cambio vendrá acompañado de una serie de grandes
cataclismos, tras ese ajuste necesario, emergerá una nueva era
y un periodo de paz.Estas son algunas de sus profecías:
"Un cambio en el eje terrestre alrededor del año 2000,
ocasionará; la tierra se romperá en la porción oeste de América,
y provocará la inundación de muchas regiones costeras, el vio
los grandes lagos drenando en el Golfo de MéxicoJapón se hundirá,
la inundación de Europa del norte sucederá muy rápidamente."
"Emergerá
una nueva tierra a las afueras de la costa oriental de América
del Norte, se descubrirían afuera de la costa de Bimini esta
será la mítica "Atlántida".
"La
destrucción generalizada de las ciudades de Los Angeles, San
Francisco, la destrucción de Manhattan y desaparición de Nuevo
York por grandes terremotos"
"Un
gran deshielo polar afectará a gran parte del territorio de
Inglaterra y gran parte de Japón se hundirá, la inundación de
Europa del norte sucederá muy rápidamente"
"Emergerá
una nueva tierra a las afueras de la costa oriental de América
del Norte, se descubrirían afuera de la costa de Bimini esta
será la mítica "Atlántida"
"La
destrucción generalizada de las ciudades de Los Angeles, San
Francisco, la destrucción de Manhattan y desaparición de Nuevo
York por grandes terremotos"
"Erupciones
volcánicas en regiones tropicales y un incremento de actividad
volcánica en el borde del Pacífico"
"Un
calentamiento general en áreas frías, y un enfriamiento de la
áreas cálidas del globo"
"La
segunda venida de Cristo, traerá una nueva era de paz."
Muchos
profetas a nivel individual y varias culturas tales como las de
Los Mayas, los Hopi, y muchas otras han predicho el desplazamiento
de los polos, ya sea en forma directa o alegórica, pero las predicciones
de Edgar Cayce tienen un altísimo nivel de certeza.
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