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Comparte estas
reflexiones con todas aquellas personas que conozcas, la fuerza
esta dentro nuestro, no afuera.
Cada día resulta
más fácil comunicarse con los hombres; pero, ¿y con Dios?. Aquí
tienes ocho reglas para llamarle y contar con Él, cuando desees:
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Marca
el prefijo correcto. No a lo loco.
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Una
conversación telefónica con Dios no es un monólogo. No hables
sin parar, escucha al que habla al otro lado.
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Si la
conversación se interrumpe, comprueba si has sido tú el
causante del corte.
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No adoptes
la costumbre de llamar sólo en casos de urgencia. Eso no
es trato de amigos.
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No seas
tacaño. No llames sólo a las horas de "tarifa reducida",
es decir, cuando toca o en fines de semana. Una llamada
breve en cualquier momento del día sería ideal.
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Las
llamadas son gratuitas y no pagan impuestos.
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No olvides
decirle a Dios que te deje en el contestador todos los mensajes
que quiera y cuando quiera.
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Toma
nota de las indicaciones que Él te diga para que no las
eches en olvido.
Si eres católico
y a pesar del cumplimiento de estas reglas la comunicación se
torna difícil:
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Dirígete
con toda confianza a las oficinas del Espíritu Santo. Él
restablecerá la comunicación.
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Si tu
teléfono no funciona, llévalo al taller de reparación que
lleva por nombre "Sacramento del Perdón". Allí todas las
reparaciones son gratuitas y tienen una garantía de por
vida.
Que Dios te cuide,
te proteja y te guarde en la palma de su mano, siempre.
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