Como
una ameba gigante en el cielo, el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida
se ha dividido en dos partes, que se extienden desde el continente más austral.
Imágenes
tomadas por satélite en el 2002 también revelan que el agujero se ha reducido
considerablemente en comparación con los dos años anteriores. Los científicos
advierten que los datos que se tienen son insuficientes para llegar a la conclusión
de que la frágil capa de ozono se está recuperando.
"Esta
es la primera vez que vemos una división del vórtice polar en septiembre", dijo
Craig Long, meteorólogo de la Dirección Nacional Oceanográfica y Atmosférica (NOAA,
por su sigla en inglés).
Las fuertes
alteraciones meteorológicas de este otoño (boreal) en la estratosfera provocaron
la división del agujero en la capa de ozono, explicó Long.
Además,
el agujero había disminuido de tamaño antes de la división debido a las extraordinariamente
cálidas temperaturas de la atmósfera, según el científico de la NASA Paul Newman.
La
estratosfera se prolonga se extiende desde nueve a 48 kilómetros sobre la superficie
terrestre y contiene altas concentraciones de ozono, que protege al planeta de
los peligrosos rayos ultravioleta, causantes del cáncer de piel. De hecho, sin
la capa de ozono, no podría existir la vida tal y como la conocemos.
Desde
la década del 70, los científicos han observado un agujero temporal abierto sobre
la Antártida durante varios meses en el invierno y la primavera en el hemisferio
sur.
Los científicos conjeturan que
ciertos compuestos químicos utilizados en productos como aerosoles y sistemas
de aire acondicionado son los culpables de este deterioro. Los contaminantes industriales,
eliminados progresivamente por los Protocolos de Montreal para mediados de la
década del 90, permanecen en la atmósfera, donde pueden descomponer repetidamente
las moléculas del ozono.
Entre 1996
y 2001, el agujero de la capa de ozono ha llegado a 24 millones de kilómetros
cuadrados, una superficie mayor que la Antártida.
Estimaciones
preliminares de principios de septiembre de 2002 indican que el agujero estacional
se redujo a unos 15 millones de kilómetros cuadrados, según la NASA.
El
aire sobre el Polo Sur suele enfriarse en agosto y septiembre. El clima gélido
se asocia con la formación de finas nubes, en las que los contaminantes industriales
que flotan en el ambiente se comen las frágiles moléculas del ozono.
Para
octubre, la región atmosférica se calienta y el agujero comienza a desaparecer.
Lo
sucedido en el 2002 podría ser una anomalía causada por los patrones meteorológicos
y no refleja necesariamente una tendencia a largo plazo, según científicos de
la NOAA y la NASA.