|
La brujería está
presente o lo ha estado en distintas culturas, visitando casi
todos los puntos del planeta en algún momento de la historia.
Ha sido objeto de estudio de muchos antropólogos, ya que independientemente
de la parte de verdad y de imaginación que se ocultara tras ella,
siempre llevaba consigo implicaciones sociales interesantes.
En los pueblos
primitivos, la brujería se entendía como la responsable de la
mayoría de las cosas de las que desconocemos la causa (necesitamos
buscar explicación a lo que sucede, y lo que no conseguimos entender
suele acabar siendo explicado mediante la magia).
A la izquierda,
imagen de una bruja preparando una pócima en su caldero. A la
derecha, otra bruja con la típica escoba voladora (se cuenta que
las brujas untaban las escobas con ungüentos con sustancias alucinógenas,
y al frotarse con ellas esto era lo que las hacía "volar"; y así
hay versiones que asocian la escoba con la masturbación)
Sin embargo, otras
historias tradicionales de brujas hablan de mujeres increíblemente
hermosas, con miradas cautivadoras, pero que, o bien en cualquier
momento perdían esa belleza porque tenían capacidad de transformarse,
o usaban ese don para aprovecharse de las personas y tenerlas
bajo su dominio.
Dos interpretaciones
bien distintas de las brujas. A la izquierda, la tradicional imagen
de una bruja popular, con los símbolos más significativos que
suelen adjudicárseles. A la derecha, la imagen hechizante de una
bruja hermosa y seductora. Clickea en las imágenes para hacerlas
más grandes.
Muchas veces la
acusación de brujería se dirige hacia los más allegados, amigos
o familiares. Por ejemplo, entre los zulúes suele entenderse la
brujería como resultado de la convivencia de mujeres de distinto
linaje, de sus conflictos y sus rencores. Así, los antropólogos
lo ven a veces como consecuencia de las propias estructuras familiares
(por ejemplo, cuando al casarse un hombre con una mujer, se traslada
al hogar de ella con su familia, llevando consigo a su hermana,
que acaba sintiéndose desplazada).
Los azande de África
central han convertido la brujería en un proceso para mejorar
la convivencia. Cuando hay problemas, enfermedades, etc... se
acusa a alguien de haber provocado el mal. Este alguien suele
ser una persona que por cualquier otra razón ha hecho sentirse
mal a quienes le acusan. Si después de llevar a cabo una serie
de comprobaciones, se concluye que el acusado era, en efecto,
culpable, se hace una especie de ceremonia en la que el acusado
presenta sus disculpas y se compromete a intentar reparar el daño
con detalles que hagan más agradable la vida de quien le acusó.
Ahí termina el proceso, así que cuando hay problemas de convivencia
suele recurrirse a él como manera de autorregulación de la sociedad
consiguiendo así limar las asperezas que inevitablemente surgen
en cualquier grupo que convive.
En muchas aldeas
de África, se diferencia claramente entre lo que es el área del
poblado, que significa un orden y una convivencia organizada,
y la zona de los bosques o de los arbustos, que es el desorden.
Las personas que se considera que tienen poderes especiales pueden
ser tratados como "medicine-men" o chamanes si viven en la aldea,
y como brujos antisociales si viven fuera de ella. En este caso,
se les cree capaces de dirigir maleficios contra el poblado, y
se les teme.
En cuanto a las
brujas, en ciertas regiones, sobre todo en el sur del continente,
se distingue entre brujas diurnas y nocturnas. Se supone que las
nocturnas son esencialmente malvadas, mientras que las diurnas
conviven sin dificultad con el resto del grupo y rara vez hacen
daño. Vuelve así la asociación de la noche con lo oscuro, tenebroso,
maligno.
Los basuto del
sudeste africano describen a las brujas como mujeres que salen
de noche montadas en palos voladores (nuestras escobas), bailan
desnudas y comen carne humana. Temen especialmente que las brujas
se interpongan en los muertos que se dirigen al mundo de los espíritus,
convirtiéndoles en sirvientes espectrales que no podrán descansar
(algo así como almas en pena).
Los lovedu creen
que la brujería se transmite por la leche materna, y que la madre
luego enseña a su hija cómo usar sus capacidades. No las consideran
especialmente malas, sino traviesas: usan su poder para despertar
pasiones en los hombres (en nuestra cultura, también nosotros
hablamos de cómo emplear nuestros "encantos" para atraer al hombre
deseado, así que parece bastante cercano a nuestra manera de actuar).
En algunas regiones
de Nigeria se cree que las brujas se convierten en rapaces nocturnas
que se alimentan con la energía de sus víctimas. Se dice también
que cuando el sol cae, las brujas acuden a sus reuniones con el
aspecto de bolas de fuego o transformadas en pájaros. Su manera
de aumentar en número es colocar ciertas sustancias en los alimentos,
que hace sentir a quien la toma la necesidad de "devorar almas".
Los gâ de Costa
de Oro entienden la brujería como un gran poder mental. Así, no
necesitan instrumentos ni ceremonias, les basta con dirigir sus
pensamientos hacia una persona o una acción en concreto. Pueden
reunirse de esta misma manera, aunque duerman cada una en su cabaña,
les basta con estar presentes en cualquier otro lugar con el pensamiento.
De todas formas,
hay constantes en lo que se refiere a brujería, que se mantienen
independientemente de la zona. El explicar con ellas las desgracias
que se sufren, ya sea personales o malas cosechas, epidemias,
etc; el miedo a los alimentos que puedan haber sido manipulados
por una bruja; la existencia de reuniones o bailes entre la mayoría
de los grupos de brujas; la relación con la noche, con la luna;
la capacidad de volar es otra característica muy presente, ya
sea usando algún objeto como la conocida escoba, o transformándose
en algún animal, como hemos visto que sucede en tribus de Nigeria.
Y es que el mito de la Bruja, lo que representa, los miedos que
de alguna manera ayuda a exorcizar, se ha extendido sin saber
de fronteras, de culturas, de tiempo.
|