Tomad doce partes
del más puro menstruo de una hembra prostituida y una parte
del cuerpo inferior perfectamente lavado, mezcladlo todo junto
hasta que toda la materia sea amalgamada en un vaso ovalado
y de cuello largo Pero es necesario añadir primero al cuerpo
dos o cuatro partes del menstruo, y dejarlo reposar aproximadamente
durante quince días, tiempo en el que se realiza la disolución
del cuerpo.
Tomad después esta
materia y estrujadla para extraer de ella el menstruo, que guardaréis
sobre el cuerpo que quedará tras la compresión, añadiréis una
o dos partes de nuevo menstruo, y lo dejaréis reposar aún ocho
días, después de los cuales procederéis como al principio, reiterando
en lo mismo hasta que todo el cuerpo sea llevado a agua.
Todas estas operaciones
se harán a fuego lento de cenizas y con el vaso bien cerrado
(bouché avec de la carte).
Tomad toda el agua
de vida y colocadla en un vaso cerrado como el de antes, y con
el mismo grado de fuego de cenizas, que es el primer grado de
fuego, cada ocho días se formará una piel negra que flotará
en la superficie y que es la cabeza del cuervo, la cual mezclaréis
con el polvo negro depositado en el fondo del vaso, después
de haber tirado por inclinación el agua de vida.
Volveréis a colocar
esa agua en el vaso y volveréis a proceder del mismo modo, hasta
que ya no se forme más negrura.
Tomad toda la cabeza
de muerto que habéis amasado y colocadla en el huevo filosófico
a fuego de cenizas de encina, y sellad herméticamente su orificio,
pero usad una sola pasta en las junturas de las dos partes del
huevo a fin de que pueda ser abierto con facilidad.
Durante los primeros
ocho días, más o menos, no daréis más de beber a vuestra tierra
negra y muerta, porque está aún embriagada de humedad. Después,
cuando haya sido desecada y alterada, la abrevaréis con agua
de vida en igual peso. Abriendo el vaso a este efecto, mezcladlo
bien y, a continuación, lo volvéis a cerrar y lo dejáis reposar,
no hasta que sea totalmente desecado, sino sólo hasta la coagulación;
continuad después imbibiendo hasta que la materia haya absorbido
toda el agua.
Tomad después esta
materia y colocadla en un huevo a fuego de segundo grado, dejándola
así durante algunos meses hasta que finalmente, después de haber
pasado por diversos colores, se vuelva blanca.
Una vez la tierra
sea blanca, tendrá una potencia apropiada para recibir la semilla,
a causa de la fecundidad que ha adquirido por las operaciones
precedentes. Tomad pues esta tierra, después de haberla pesado,
y divididla en tres partes. Tomad una parte de fermento, cuyo
peso sea igual a una de las partes de vuestra materia dividida
y cuatro partes del menstruo de la hembra prostituida, y haced
una amalgama con el fermento laminado, como antes, y con el
menstruo, y haced la disolución a calor lento durante catorce
días, hasta que el cuerpo sea reducido a una cal sutil, pues
aquí no se busca el agua de vida.
Tomad después el
menstruo con la cal del cuerpo y las tres partes de vuestra
tierra blanca, y haced con todo esto una amalgama en un mortero
de mármol, amalgama que pondréis en un vaso de cristal a fuego
de segundo grado durante un mes.
Finalmente, dadle
al fuego su tercer grado hasta que la materia se vuelva muy
blanca, y su aspecto será como el de una masa grosera y dura
como la piedra pómez, pero pesada.
Hasta aquí llega
la operación de la piedra al blanco. Para hacer la piedra al
rojo se debe operar de la misma manera, pero al final es necesario
someterlo a fuego de tercer grado durante más tiempo y de forma
más vehemente que para la piedra al blanco.
Son muchos los
que han hecho la piedra desconociendo, sin embargo, la manera
de hacer la preparación para hacer la proyección. Y, sin embargo,
la piedra hecha y acabada no hace ninguna transmutación si no
se hace que tenga ingreso en los cuerpos. Por ello, romped vuestra
piedra a trozos, moledla y colocadla en un vaso bien enlutado
hasta el cuello para que pueda soportar un gran fuego, como
el de cuarto grado, y sometedlo a fuego de carbón tan fuerte
que la arena alcance una temperatura tal que al lanzar sobre
ella unas gotas de agua se oiga un ruido, y tan fuerte que no
sea posible tocar con la mano el cuello del vaso que está sobre
la arena a causa de su gran calor.
Mantened vuestro
vaso en este grado de fuego hasta que vuestra materia se convierta
en un polvo muy sutil y muy ligero, cosa que, de ordinario,
ocurre en el espacio de un mes y medio.
Una vez hayáis
hecho la piedra, la podéis multiplicar hasta el infinito sin
necesidad de volver a hacerla de nuevo.
Una vez tengáis
la piedra hecha y acabada por la quinta parte de la operación,
tomaréis la mitad de ella para usarla en la preparación necesaria
para la proyección, y la otra mitad la guardaréis para multiplicarla.Pesad
pues esta parte, y si pesa tres partes, tomad una parte, pero
no del menstruo, sino del agua de vida. Tendréis de este modo
cuatro partes que pondréis en un huevo a fuego de segundo grado
durante un mes, después del cual pasaréis al tercer grado del
fuego hasta el final, como ya hemos enseñado antes en la quinta
parte de la operación.